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The Assassin

Cine

The Assassin

CINE ESTRENO
Domingo, 13 Diciembre, 2015 - 17:30
Teatro el Albéitar ULE

Sesiones: 17:30 y 20:15 h.
 
Entradas (5 €): a partir de media hora antes de cada sesión en taquilla
50% de descuento: Miembros de la Comunidad Universitaria, previa presentación del carnet universitario y DNI
 
 
The Assassin
 
Título original: Nie yin niang
 
Ficha técnica
Año: 2015
Duración: 105 min.
País: Taiwán
Director: Hou Hsiao-Hsien
Guión: Hou Hsiao-Hsien, Chu Tien-Wen, A. Cheng
Música: Giong Lim
Fotografía: Mark Lee
 
Ficha artística
Shu Qi, Chang Chen, Satoshi Tsumabuki, Ethan Ruan, Nikki Hsieh, Ni Dahong, Zhang Shijun, Michael Chang, Jiang Wen, Zuo Xiaoqing, Xu Fan, Tadanobu Asano, Zhou Yunin
 
Producción: Coproducción Taiwán-China
Género: Acción / Artes marciales / Siglo IX
 
Sinopsis
China, siglo IX. Nie Yinniang regresa a casa de su familia tras años de exilio. Educada por una monja que la inicia en las artes marciales, es una auténtica justiciera cuyo objetivo es eliminar a los tiranos. Su maestro le encarga la misión de matar a su primo Tian Ji'an, gobernador disidente de la provincia militar de Weibo. Nie tendrá que elegir: sacrificar al hombre que ama o romper definitivamente con la "Secta de los Asesinos”.
 
Premios
2015: Festival de Cannes: Mejor director
 
Dice la crítica
 
El taiwanés Hou Hsiao-Hsien presentaba 'The assassin', una de las películas más calladamente esperadas, y aquí no hubo discusión posible. Digamos que el estreno del veterano director en el género de artes marciales ('wuxia' lo llaman los vendedores de manga) es, sin lugar a dudas, una de las películas más incuestionablemente bellas, elegantes y magnéticas vistas en mucho tiempo.
Luis Martínez – El mundo
 
The Assassin: La gran belleza
Tigre y dragón y La casa de las dagas voladoras. Acaso también Hero, aquella con Jet Li. El peatón occidental apenas conoce esos dos o tres títulos embajadores, pero el wuxia es un género profundamente enraizado en la sociedad china, que lo ha desarrollado en un sinfín de seriales, cómics, películas o videojuegos que a su vez se miran en los poemas y romances seminales del siglo IX.
El wuxia es la fantasía heroica de los chinos. Su novela de caballerías, si se prefiere. Sus ingredientes principales suelen ser la venganza, las deudas de honor, la lealtad y la traición, el individualismo y la justicia por la mano. En el wuxia el asesino es el héroe, algo que, de entrada, siempre es bonito y hace épica. Además, sus protagonistas, soldados sublevados o particulares con agallas y cualidades felinas, son capaces de hacer cabriolas sobre las aguas, brincar a la atmósfera para burlar a la muerte y expresarse cortando en tres un cabello al viento con el acero mitológico de sus sables.
Hou Hsiao-hsien, uno de los representantes de aquella nueva ola taiwanesa que hace más de 30 años quiso llevar al cine el clima de su realidad, recala ahora en este género de la imaginación con una película de asesinos implacable basada en la quietud y la elipsis.
El cine de Hou Hsiao-hsien (1947) se abrió al reconocimiento internacional a finales de los años 80 con películas como Ciudad de tristeza, su primer título de madurez y un éxito en el circuito de festivales que se vería ratificado con otros como El maestro de marionetas, Las flores de Shangai o el estilizado drama romántico Millenium Mambo, donde la participación francesa ratificaba el visto bueno de la intelligentsia occidental. Durante todo ese tiempo, en la mente del director latía un relato corto ambientado en los tiempos de la dinastía Tang que había leído en su época de estudiante, la historia de una princesa extirpada de su familia imperial por una monja que la adiestrará en las artes marciales y un día, en castigo a su piedad, le encomendará matar a su primo, un gobernador disidente con el que estuvo prometida.
The Assassin ha requerido una producción de más de un lustro para hacerse realidad, algo que se comprende atendiendo a su lujuriosa dirección artística, la casi patológica rigurosidad histórica de que hace gala y el hecho de ser cine auténtico, película de 35 milímetros que dota al producto de una solidez formal hipnótica a la vista e inexpugnable a la razón. Algo que cobra tintes de milagro cuando Hsiao-hsien explica que todos los efectos especiales se incorporaron en cámara, nunca en posproducción, y que su método fue el de siempre en su cine: no ensayar nunca las escenas, ni siquiera las de lucha, para mejor descubrirlas rodándolas.
Como en todo wuxia, la riqueza estética y conceptual de The Assassin nos llega algo mediada a los espectadores occidentales, que de ningún modo vamos a ser capaces de leer más allá de lo epidérmico. Imposible desentrañar los códigos de una película hablada en austero guwen, una escritura antigua que en su naturaleza incluye matices morales y en su enunciado se rinde a cierta arritmia, un tono que el cineasta no duda en abrazar para hacer de su drama un espectáculo lacónico y sin embargo monumental.
Erigida en torno a la belleza diáfana y demoledora de Shu Qi, actriz que debe sus mayores éxitos de crítica a sus colaboraciones con el director, The Assassin tiene ya un lugar distinguido en la historia del wuxia no por la acrobacia y el aparato que caracterizan el género sino por todo lo contrario, por su contención. Porque se trata de una opera callada, una película que ocurre en segundo plano mientras en pantalla se sucede otra, una de gente trayendo y llevando noticias a lo largo de una trama inscrita en la narración pero solo efectiva en lo que no muestra.
Lo que cuenta The Assassin es una anécdota tan simple que de repente se habrá diluido en nuestro entendimiento y se nos habrá hecho hermética, un galimatías. Pero la buena noticia es que nos dará igual, nos será indiferente y hasta preferible, porque eso nos permitirá desplazar el goce a un espectáculo pictórico que es lenguaje y proteína, mecernos en el crepitar del fuego, abstraernos en el zumbar de las moscas, la meteorología, los sables cruzándose y el arrullo de una cámara siempre agazapada, elementos que hacen de esta una película fragante, ritual y próxima a lo etnográfico que, más que verla, es cuestión de mirarla.
En la actualidad no hay escena de acción física en los videojuegos o en el ruidoso cine comercial que no deba sus coreografías a la herencia del wuxia, este tipo de cine asiático que no hace distinciones entre el cielo y la tierra y que en manos de Hou Hsiao-hsien se ha revelado detenido en algún lugar entre ambos. The Assassin no subvierte, observa las reglas y es puro wuxia. Es danza, sustancia estética y violencia líquida, pero es también otra cosa: un limbo estanco, ancestral e incorruptible que nos lleva a preguntarnos si esto, más que una simple película, no estará siendo un hechizo.
Rubén Lardín – El Diario.es
 
 
Para dejarse deslumbrar por su belleza
Desde que Ang Lee globalizó el género con “Tigre & Dragón” (2000), son muchos los cineastas chinos que han reformulado la temática que popularizó la productora Shawn Bros. Pero el de Hou es un wuxia bressoniano, más cercano a “Lancelot du Lac” (1974) que a la pirotecnia digital de Zhang Yimou.
Erudito de este género milenario con una larga tradición literaria muy anterioral cine, el taiwanés ha investigado a fondo cómo era la vida en el siglo IX y la reproduce con un rigor que suponemos casi documental, sobre una trama que funciona a dos niveles, uno muy básico (asesina con dilema moral cuando la víctima es un ser querido) y otro deliberadamente impenetrable (el sistema de alianzas, el politiqueo). No hay que obcecarse con descifrar lo segundo, cuyo misterio contribuye a la magia del film: lo primero basta para llevarnos de la mano (más cuando esta es la de Shu Qui) a través de un goce estético sin parangón: “The Assassin” podría ser la cumbre del preciosismo heterodoxo.
Que yo recuerde no hay ni un solo plano en el que la luz, los ropajes, el decorado o los efluvios de la naturaleza no tengan tanto protagonismo como los personajes, que según cuenta la leyenda a veces no sabían ni dónde estaba la cámara. Ni un solo plano que no dinamite el academicismo y las convenciones. El desafío queda palpable en las escenas de acción que son rodadas sin artifcios, fugaces, desde lejos
o desde un punto de vista radicalmente opuesto al esperado.
El palomitero necesitado de adrenalina podrá pasar de largo, pero el cinéfilo no puede dejar escapar una de la joyas no del año, sino del siglo. Sublime.
Philipp Engel - Fotogramas
 
El esplendor de la literatura tradicional china en el cine
Un cuento de la literatura de la dinastía Tang habla de unos reyes que querían que su pavo real cantase. Le colocaron frente a un espejo para que creyese que tenía compañía. Pero el pavo comenzó a cantar su tristeza al espejo hasta morir de pena.
Esta fábula de la soledad es una de las referencias escogidas por el cineasta taiwanés Hou Hsiao-Hsien para componer The Assassin, la película con la que obtuvo el premio a la mejor dirección en el último Festival de Cannes, que ahora se estrena en España.
The Assassin es un equilibrio entre hipnótico y contemplativo estilo de Hsiao-Hsien y el género wuxia, el cine histórico de artes marciales chino. “La inspiración nace en realidad de relatos de la dinastía Han, del siglo II más o menos. El desarrollo de ese género de relatos madura en el siglo IX, durante la dinastía Tang”, explica Hsiao-Hsien a RTVE.en una entrevista realizada en el último Festival de cine de San Sebastián.
The Assassin es la historia de Nie Yinniang (interpretada por la musa del director Shi Qi) una letal asesina adiestrada por una monja experta en artes marciales. Emparentada con la nobleza y realeza de Weibo, afronta la misión de matar a su primo, el hombre con el que estuvo prometida en el pasado.
¿Complicado de memorizar? Pues en pantalla es prácticamente imposible tirar del hilo de múltiples nombres y topónimos que urden la trama. Pero por encima queda su dibujo de la soledad y el combate moral del personaje. “Lo más interesante es que esta asesina de profesión no se atreve a matar. Le da miedo, le incomoda”, dice el director.
Las fugaces y estilizadas secuencias de lucha contrastan con los pausados cuadros y largas secuencias que recrean minuciosamente la época. La película está rodada en chino clásico y Hou Hsiao-Hsien tuvo que refrenar su proverbial tendencia a la improvisación en el rodaje. Medio en broma, Hsiao-Hsien afirma que la brevedad de las secuencias de combate se debe “a que las actrices no sabían nada de artes marciales”.
Hou Hsiao-Hsien nació en realidad en China en 1947 y en 1949 su familia se trasladó a Taiwán cuando la isla se convirtió en el refugio de los nacionalistas perdedores de la Guerra Civil China. “En Taiwan, el Kuomintang impuso la cultura china. De pequeño leía muchas obras chinas y, cuando estaba en la universidad, empecé a la leer muchos relatos de esa época. Me interesaba mucho”.
Así, el que fuera uno de los puntales de la Nueva Ola Taiwansesa y crónista de la historia de su país (A city of Sadness, El maestro de marionetas), conecta con sus raíces y su pasión juvenil.
Pese a ser uno de los autores más mimados por Cannes y reconocidos por la crítica mundial, Hou Hsiao-Hsien tiene dificultades para financiar sus películas. Su última película, El vuelo del globo rojo, tenía producción francesa y le ha costado siete años regresar con La asesina.
Tampoco era una empresa ligera. El rodaje de la naturaleza, en el interior de China y en Japón alcanza momentos milagrosos, como la secuencia en la que la niebla asciende por el valle hasta envolver a la protagonista. The Assassin sumerge en un constante estado crepuscular, como los suaves tambores que en la película suenen al amanecer y anochecer, entre el sueño y la vigilia. Para el director, esos sonidos tienen sus ecos en la actualidad. “Creo que la película refleja una lucha actual entre lo bueno del ser humano y su maldad inherente”.
Esteban Ramón - RTVE