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Anna Tamayo

Exposiciones

Anna Tamayo

‘Colores en mis bolsillos’
Jueves, 13 Octubre, 2016 - 12:00
Sala de exposiciones del Campus de Ponferrada

HASTA EL 11 DE NOVIEMBRE DE 2016
 
Horario: de lunes a viernes de 12 a  20:00 h.
 
 
 
Metáforas pictóricas de la poesía de mis cuadros. Metáforas poéticas de la pintura y dibujos de mis cuadros. Que decir..
 
La obra de una pintora vista e interpretada por la pintora misma.. Que difícil describir las metáforas de mi poesía pictórica..!
 
Puedo llevarme de paseo entre mis calles viejas y estrechas, mis tendederos, mi ropa tendida, en la que me dejo mensajes. Mi corte de tuertos, en la que yo reino. Puedo descansar de mi paseo, en la sombra de cualquier ciprés verde de los que pinto. Puedo bailar toda la noche y seguir esperando que el amanecer pinche en su tocadiscos, imaginarios ritmos que sigan haciendo moverse mis caderas. Puedo seguir caminando en los dorados horizontes, siempre lejanos, que represento.
 
El camino a veces lleva a casa, a veces no.. El cielo se mantiene ininmutable, sereno, en las diatribas locas del camino. Sus nubes se convierten en pistas de un juego que crea el azar, relamiéndose con los humanos, insinuados como muñecos de palo. También estas figuras que representan personas se convierten, a veces, en observadoras melancólicas de un paisaje inacabable, de tantas historias y cuentos que no caben en un sólo lienzo.
 
"Zigurats" o altas torres de Babel que cómo cuenta el imaginario colectivo, siempre quieren alcanzar los cielos, lo más alto posible, lo que no se puede conquistar..
 
El camino a veces lleva a casa.. otras veces no.. lleva a balcones imaginarios en los que se puede observar una gran ciudad, la sombra de una vetusta iglesia e imaginar los sonidos que oye la misteriosa niña del balcón, una tarde de abril en Barcelona. Otras veces el camino nos lleva a un desmesurado y teatral cielo, en que unos ángeles nos abren las nubes, cómo si se tratase de un grotesco telón de escenario, a unas realidades ignotas. También en otros lienzos el camino nos muestra a Madonnas del extrarradio de cualquier ciudad, aferrándose a sus propias certezas. El señor conejo en otra ventana insinuada, nos indica cómo llegar a su madriguera.
 
Románicas representaciones de caras de mujer, se contorsionan en esquinas esperando respuestas.. Rosas con espinas cuentan secretos de su perfume al viajero atento.
 
Una lluvia, una mañana de verano, mojó la ropa tendida a secar y el gato amarillo del rincón soleado del patio,  fue testigo mudo de lo que el agua dejó a la vista.
 
A veces, sólo a veces, el camino lleva a casa.. A veces, muchas, el camino es sinuoso, y nos lleva al principio  del tablero del juego, de nuestras preguntas, de nuestras verdades..
 
El camino dibuja curvas y en su recodo no podemos entrever que parte de la lontananza abarcan y esconden sus piedras redondas. Imagina una montaña .Sólo para llegar a la cima hay un camino, describe curvas, se ciñe a la cintura de la montaña , la abraza en su parte superior, cuando el aire es más denso y difícil de respirar, la abraza en su parte inferior, donde sus valles y frondosos bosques hacen más fácil el ascenso, de este camino hablo.. Es redondo y misterioso. Es tramposo, valiente y huele bien.
 
La duda es buen compañero de viaje, a veces..,
 
En mis cuadros lo que está arriba, puede estar abajo. El techo se puede convertir en suelo y lo que pisamos y parece firme, se puede convertir en una seda roja en la que es fácil caerse.
 
El camino que pinto y amo, es el tapiz de la vida, en el que conviven, historias, canciones, cuentos, princesas, ventanas, princesas rendidas.. Ojos desorbitados de sed de respuestas, sobrevolando ciudades y surcando cielos, mosaicos de trampantojos, siempre  buscando algo escondido, algo que está por revelarse..
 
El camino da vueltas, como la vida.. puede llevar a balcones abiertos en los que sueña una niña una tarde de abril en Barcelona o puede conducir a altos edificios con las puertas y las ventanas cerradas.
 
Un mar siempre lejano, eterno deseo de libertad escondido entre casas. Promesa de poesía de terciopelo que acuna a los desesperanzados.
 
Niños danzando, ángeles desnudos bailando rockabilly,  nubes de algodón y puntillas blancas, llevan en sus manos mensajes de belleza, para los que hacen de la desgracia, razón de ser.. Modo de vida gris antracita, en el cual el rosa buganvilla del mensaje de belleza, se desborda y crece, manteniendo las sombras al amparo de la noche, solamente..
 
Sonidos suaves que evocan canciones recordadas y en su vaivén,  mecen una suave, dulce  y  cansada querida de muchos abrazos rotos y efímeros.
 
Un color resbaladizo como la memoria, se recrea en la fachada del edificio que da nombre a la calle.
 
Mermelada de albaricoque en los reflejos del reflejo que muestra el espejo.
 
Lo que está y lo que no. Lo que con su ausencia grita desesperadamente su partida, reivindica y revela el negativo. Su no presencia, canta la ópera de la despedida, de los que se han ido, pero aun así siguen nuestros húmedos pasos en la arena de cualquier playa perdida. No hay blanco sin negro, dicen.. Oscuridad sin luz..
 
La luz dorada y silenciosa de la mañana nos encontrará ya despiertos, despejados, bien peinados, oliendo a colonia y esperanzados, con la mirada prendida siempre en el horizonte imaginado y siempre pintando y dibujando el camino que se abre bajo nuestros pies descalzos.
 
Un camino que bien puede llevar a una casa  rosa y acogedora o a una casa alta,  sin ventanas ni puertas.. Un camino que siempre se revela al andarlo, un camino conformando su palíndromo, su negativo, su reverso, su pareja de baile, su contrario y su destino, al fin..
 
El camino a veces lleva a casa, otras veces no..
 
 
Anna Tamayo
 
 
 
 
“COLORES EN MIS BOLSILLOS” Artista: Anna Tamayo
“Había dado mi visión de aquel mundo conocido del que ahora me despedía. Había puesto mi sensibilidad en las cosas pequeñas, los olores, los sonidos y las cosas escondidas “haciendo camino” para hacer crecer lo que Dylan Thomas dice que es la fuerza que por el verde tallo empuja a la flor”.
Anna toca, palpa, escucha y siente como lo hacía cuando irrumpió en la vida; cuando aún no conocía el lenguaje; cuando el entorno inmediato se le manifestaba como un mosaico de sensaciones que ni siquiera podía sentir como externas a su ser. Eran parte de ella, eran ella misma.
 
Anna conserva milagrosamente la percepción primigenia y multisensorial de esa primera fase de la exploración del mundo, propia de los recién nacidos. Tal vez por ello, su sensibilidad adulta se enfoca en ese entorno íntimo, cercano que la rodea, los muebles, los objetos más cotidianos del interior de una estancia, dejando como única salida al exterior la ventana. La ventana, como cuadro dentro del cuadro –como hicieron Matisse y Magritte- por el que asoma la ropa tendida; los jardines; los edificios de su ciudad, y también las nubes en las que la fantasía infantil y la imaginación de adulta ven formas caprichosas alejadas de la materialidad del resto.
 
Si la percepción de Anna es puramente sensorial y virgen, su expresión es propia de una artista culta y madura que domina tanto las técnicas de la expresión plástica, como las de expresión gráfica y literaria. En ambos lenguajes, Anna nos deleita con una exquisita muestra de su poética del espacio íntimo.
 
Federico Fernández Diez
 
 
 
 
 
La pintora catalana Anna Tamayo presenta la exposición ‘Colores en mis bolsillos’,  una muestra de trabajos al óleo sobre diversas texturas completadas con elementos naif a partir de trazos y collage.
Tamayo, que también es escritora, relaciona a menudo su obra pictórica con textos que surgen de los propios lienzos.
La exposición ‘Colores en mis bolsillos’ es una expresión del mundo íntimo de la artista, mediante líneas inocentes que recogen una serie de formas y colores ausentes de reflexión y producto de un impulso primigéneo. En sus cuadros predominan los paisajes imaginados o soñados, las ciudades, las casas y los árboles.
Las obras de Anna Tamayo se han presentado en once exposiciones de la Sala Vinçon (Barcelona), en la American Art Prints de Tokio (Japón), en la sede de la misma institución en Manchester (Inglaterra) o en la Ramón Vila de Sitges.
En la actualidad mantiene dos piezas expuestas en la colectiva Ciudades Barrocas, en la Sala Pou d’Art de San Cugat.