En esta página ya no se cargan nuevas actividades, sólo se mantiene como archivo y para los enlaces antiguos. La dirección correcta para ver las Actividades Culturales de la Universidad de Léon es: actividadesculturales.unileon.es

MOMMY

Cine

MOMMY

CINE ESTRENO
Domingo, 15 Febrero, 2015 - 17:30
Teatro el Albéitar ULE

Sesiones: 17:30 y 20:15 h.
 
Entradas (5 €): a partir de media hora antes de cada sesión en taquilla
 
50% de descuento: Miembros de la Comunidad Universitaria, previa presentación del carnet universitario y DNI

 
 
Mommy
 
Director: Xavier Dolan
Guión: Xavier Dolan
Música: Eduardo Noya
Fotografía: André Turpin
Música original: Noia
Montaje: Xavier Dolan
Diseño de produccion: Colombe Raby
Diseño de vestuario: Xavier Dolan / François Barbeau
Diseño de sonido y mezclas: Sylvain Brassard
Producida por: Nancy Grant / Xavier Dolan
Productora: Coproducción Canadá-Francia; Metafilms
Género: Drama / Familia
Año: 2014
Duración: 139 min.
País: Canadá
V.O. con subtítulos en castellano
Calificación por edades: no recomendada para menores de 16 años
 
Ficha artística
Anne Dorval, Antoine-Olivier Pilon, Suzanne Clément, Alexandre Goyette, Patrick Huard
 
Sinopsis
En una Canadá ficticia, se aprueba un ley que permite que los padres incapaces de controlar a sus hijos problemáticos les internen en un centro especial. Sin embargo, Diane "Die" Despres, una madre viuda con carácter, decide educar ella misma a su hijo adolescente Steve, que padece ADHD y que puede llegar a resultar violento. Kyla, la vecina de enfrente de su casa, le ofrece su ayuda a Die. La relación entre los tres se hará cada vez más estrecha, surgiendo preguntas sobre el misterio de su vida.
 
Premios
2014: Festival de Cannes: Premio del Jurado
 
Dolan Anyway
La simplicidad nunca ha sido el fuerte de Xavier Dolan, más dado a llevar el gusto por la estética al extremo y a relatar historias en torno a sentimientos desbocados. Sin embargo, hay algún momento en Mommy en el que la puesta en escena del director quebequense se despliega desde una tremenda desnudez. Pienso especialmente en la presentación de la relación que se establece entre el triángulo protagonista, una madre y su hijo adolescente y la vecina de enfrente. Alejado del gusto por ralentizar y embellecer las imágenes del que suele hacer gala, en esta ocasión Dolan se arma de una herramienta tan clásica como efectiva: plano contraplano, de un lado al otro de la calle. De manera simple y concreta, la conexión entre las dos familias queda perfectamente definida.
En el fondo, en estos instantes de sencillez podemos encontrar el porqué de una cierta madurez (por llamar de alguna manera a la depuración de rasgos, tanto formales como de relato, que encontramos en Mommy). Si Laurence Anyways, una de sus anteriores películas, se expandía a través de toda una década y de idas y venidas sentimentales; Mommy acota su radio de acción a la vez que reduce el ancho del cuadro. En Mommy, el plano es cuadrado, más cercano a una fotografía de Instagram que a la pantalla de cine (o la medida de 4:3 de las televisiones tradicionales y de Laurence Anyways). El plano pasa a ser centrípeto, opresivo; de hecho, Dolan ensancha el cuadro en los momentos de alegría. Si el plano aprisiona, lo que discurre en él es una explosión tanto estética como emocional. Dolan salpica la película de música, juega con la velocidad de la imagen y con el color. Los personajes gritan, en un francés estridente, que por momentos parece un idioma asiático. Y los sentimientos, contrariamente al plano, se expanden y afloran.
Violeta Kovacsics – SensaCine
 
Notas del director
Desde mi primera película, he hablado mucho del amor. He hablado de la adolescencia, de la inadaptación, de la transexualidad. He hablado de Jackson Pollock y de los 90, de la alienación y la homofobia. He hablado también de internados, de la palabra “especial”, de ordeñar vacas, de la cristalización de Stendhal y del síndrome de Estocolmo. He hablado argot, he hablado de forma sucia. He hablado en inglés a menudo y otras muchas veces he hablado sin ton ni son.
El tema es que cuando “hablas” de cosas, existe un riesgo inevitable que te hace hablar de muchas tonterías. Es por eso que decidí ceñirme a aquello que conocía, o que me resultaba más o menos cercano. Temas que controlaba totalmente o al menos lo suficiente porque me había criado en el barrio. O porque sabía el miedo que sentía, y sigo sintiendo de otros. Sabía las mentiras que nos decimos cuando vivimos escondiéndonos, o el amor que nos empeñamos en desperdiciar con los ladrones de tiempo. Esos son temas que me han tocado de cerca para hacerme querer hablar de ellos.
Pero debería haber uno, solo un tema del que debería saber más que nadie, uno que me inspirara de forma incondicional, y que me gusta más que ningún otro, y desde luego es mi madre. Cuando digo mi madre, me refiero a la figura que representa.
Porque es ella a la que siempre regreso. Es ella la que quiero ver ganar todas las batallas, para la que quiero inventar problemas para ver cómo los resuelve, es ella a través de quien me hago todas las preguntas, a quien quiero oír gritar cuando nadie dice nada, es ella quien quiero que tenga razón cuando todos nos equivocamos, es ella la que tendrá la última palabra, no importa de qué.
De vuelta a los días de Yo maté a m madre, sentía que quería castigarla. De eso solo han pasado cinco años , y creo que con Mommy, estoy buscando su venganza. No preguntes.
 
Aspectos visuales
Vimos Mommy como una película oscura en su núcleo, pero pensamos que, en el exterior, debía pulirse con luz y calor. Es el mandato de la audiencia determinar la verdadera naturaleza de la película, no el nuestro. No queremos decirle a nadie qué pensar, o cuándo pensar en ello.
Teñir Mommy con una tonalidad gris, con una niebla húmeda parecía la solución más sencilla. Soñaba con que Die y Steve vivieran en un lugar alegre, un lugar donde todo fuera posible. Recuerdo haberme jurado a mí mismo que haría todo para que mis personajes fueran y sonaran como la gente del lugar en el que yo me crié. No como una caricatura de sí mismos, que fueran "ellos", realmente.
La fotografía de la película también debía evitar dar una imagen de desaliento. Las puestas de sol y las horas mágicas, durante las cuales rodamos muchas de las secuencias, darían un toque de tonos rojos y amarillos que nos servirían para adornar los exteriores. Y la luz del día nos cegaría con sus destellos.
Para mí, era muy importante, que Mommy fuera, en la medida de lo posible, una historia radiante de coraje, amor y amistad.
No veo razón para hacer, ni para ver, películas sobre perdedores.
Eso no quiere decir que tenga una visión despectiva sobre los perdedores, al contrario. Tengo especial aversión a cualquier documento artístico que pretende retratar a los seres humanos a través de sus fracasos. Creo que las personas no deberían ser definidas por sus dificultades y por etiquetas, sino por sus sentimientos y sueños. Esa es la razón por la quería hacer una película sobre los ganadores, sobre lo que les ocurre al final. Espero haberlo conseguido.
Anne Dorval, Suzanne Clément y X. Dolan en el set, hablando sobre la siguiente escena.
 
El reparto
Como siempre, quería que los actores fueran el centro de todo. Siento auténtica fascinación por ellos, y estudiar el arte de la interpretación, investigar todas sus formas y estilos, analizar su estructura, refinarla y entenderla, es mi objetivo final.
Para esta película quería que los actores tuvieran un look menos “latino”, menos exuberante que los de Laurence Anyways, y menos cerebral que los de Los amores imaginarios. Los personajes de Mommy no están jugando ningún juego y no saben cómo expresar sus sentimientos con la enorme facilidad que tenían muchos de mis personajes anteriores. Die, Steve y Kyla no son presumidos. Pero son seres de colores altamente bulliciosos que se expresan de manera coherente con su entorno y su historia.
Volver a trabajar con Anne Dorval y Suzanne Clément no significaba repetir patrones del pasado, sino intentar crear unos nuevos. Ese era uno de los retos más excitantes y obvios de la película; nadie debería reconocerlas. Antoine era la sorpresa. A los realizadores les gusta descubrir nuevos talentos y reconfirmar talentos ya descubiertos. Esa es mi pasión y mi objetivo, trabajar con grandes artistas, e intentar provocar, a través de ellos, grandes emociones.
Pienso que en algún momento, la fascinación que sentíamos por los personajes auténticos, meticulosos se debilitó y sustituyó por aquellos personajes prefabricados, pensados simplemente para resultar eficaces. No importan sus apellidos, su historia, sus tics, sus preocupaciones, sus detalles. Ahora, siempre que encajen dentro de una narración inteligible, sacamos a los actores de cajas etiquetadas. Los seres humanos interesantes, al menos los héroes de mi infancia, existían de una forma más concreta, y los actores a los que admiro, y con los que me gusta trabajar, ponen una realidad concreta al servicio de cada uno de sus trabajos. Para mí, esa es una seña propia de los grandes actores, crean personajes, no interpretaciones.
S. Clément en el set.
 
Mommy Vs. Yo maté a mi madre
Entre mi primera película y Mommy hay varias líneas paralelas. Pero solo en la superficie.
Desde mi punto de vista, desde la dirección hasta el tono, del estilo interpretativo a los visuales, esas dos películas son totalmente diferentes. Una de ellas se desarrolla a través de los ojos de un adolescente caprichoso y la otra se centra en las adversidades de una madre. Además del ya importante cambio en el punto de vista, esta es la razón por la que creo que son dos películas tan diferentes: Yo maté a mi madre se centra en una crisis de adolescencia. Mommy en una crisis existencial.
Por otra parte, no veo el sentido de hacer la misma película dos veces. Estoy encantado con la oportunidad de regresar a casa a través de estas dinámicas entre madre e hijo, puesto que ese tema ha formado siempre parte de mis películas. Pero me alegra aún más poder explorar las novedades dentro de una escala mayor: el género familiar. Eso representa una forma más emotiva de comunicación con el público.
La madre representa el lugar del que venimos, y el hijo, quienes somos, el ser en el que nos hemos convertido. Nunca abandonamos del todo esas preocupaciones Freudianas, son parte indeleble de nosotros.
Música
Considero que la música de las películas logra, de forma inconsciente, una transacción con cada uno de los espectadores, estimulándoles a participar a través de sus propias historias.
Dido, Sarah McLachlan, Andrea Bocelli, Céline Dion y Oasis, todos ellos tienen una historia con cada cinéfilo; cuando, por ejemplo, Wonderwall, sonaba en 1995, uno de ellos estaba
sufriendo por una ruptura amorosa, otro estaba solo en un bar, otro de luna de miel en Playa del Carmen, otro en el funeral de un amigo. Cada uno de ellos tiene un recuerdo muy diferente de cada canción. Eso hace que cuando, dentro de la película, suena un tema, esos recuerdos individuales se integren en la historia y haga que esta vaya más allá de donde nunca pensamos que iría. En la quietud de una sala oscura, observamos, en comunión anónima, y creo que eso es algo beneficioso para cualquier película.
Además, el hecho de que casi todas las canciones de Mommy vengan de una mixtape grabada antes de morir por el marido de Die, y no de una de mis listas de reproducción, fue algo nuevo para mí. Recuerdo a Pauline Kael escribiendo sobre Scorsese y diciendo que en sus películas las canciones no sonaban “sobre” la película sino “en” la película; en la radio, en la televisión o en los cafés. Existe, en este acercamiento diegético, una forma de involucrar al público con la autentica verdad de los personajes, que hace que se olviden de las ideas y deseos del director. Eso me gusta.
 
Usar el 1:1 como ratio de aspecto
Después de rodar, el año pasado, un videoclip en 1:1, se me ocurrió que esta relación de aspecto podía traducirse de alguna forma en una emoción única y sincera.
El cuadrado perfecto que se obtiene, enmarca los rostros con tal simplicidad, que parece la forma ideal para los planos de “retrato”. En un espacio tan restringido no hay lugar para distracciones, ni añadidos. El personaje es el centro de todo, ineludiblemente el centro de nuestra atención. Nuestros ojos no pueden escapar de él, o ella.
1:1 es, además el ratio de las carátulas de los cd´s, y de todas esas chaquetas que a lo largo del tiempo nos han ido dejando huella. La mixtape Mix4ever de Die y Steve es un leit motif para nosotros, la utilización del 1:1 encontró un eco adicional.
Para ser franco, el 1:1 es también el ratio preferido de André Turpin, mi director de fotografía. Siempre había querido trabajar con él, pero nunca se había atrevido (también es director, y ha dirigido la muy disfrutable Zigrail, un road trip por Oriente Medio, rodado en blanco y negro con algunas interpretaciones brutales de John Zorn en sus comienzos).
Después de haber estado un año discutiendo con él cada uno de los planos, y arrepintiéndome de nuestro ratio infame, he aprendido dos cosas: André adora el cinemascope y yo, por una vez, no tengo ninguna queja al respecto.
 
Diane “Die” Després
Die es una luchadora nata. Se quedó viuda hace tres años y tuvo que comenzar de cero después de que su hijo fuera internado en un correccional.
Aunque aún se ve a sí misma como una princesa adolescente, es una persona muy madura en cuanto a la educación de su hijo, el futuro, o afrontar la crisis y los problemas.
Su temperamento salvaje, sus andares y actitud sexual, su lenguaje vulgar – que intenta suavizar para impresionar a su hijo – la convierten en un ser cómico, perspicaz y escandaloso. Pero más allá de las apariencias, es ante todo una mujer invencible, a la que nada detiene y que nunca aceptará un “no” por respuesta.